Fin de año, por Jesús Peñalver

Jesús Peñalver @jpenalver
Jesús Peñalver @jpenalver

A Fernando y Sebastián,
mis soles civiles.

Voy a contraerme al tema del año nuevo que no pinta nada bueno; sin embargo, confiemos en que las montañas se aparten cuando vean venir la fe. La hora de angustia es imposible negarla; pero sí podemos animarnos a confiar en la unidad de propósitos de los venezolanos de buena voluntad, porque la verdad sea dicha, esta pesadilla diecinueveañera, coloreada de un rojo alarmante, ya resulta humanamente invivible, de suyo insoportable.

Ver las injusticias y no tratar de corregirlas, por miedo o indiferencia radical, es también un pecado de omisión. Conviene conciliar la libertad con la justicia; pero se hará cuando esta desgracia desaparezca. Y no será un mesías ni un extraterrestre, ni nada de parecida naturaleza quien sabrá orientar en caminos de resolución de los ingentes problemas que nos aquejan.

Las injusticias diarias y los atropellos del ch… abismo, deben merecer nuestro más absoluto rechazo y condena. Recuperemos la libertad, que como decía Cervantes, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos.

Es perverso vivir empeñados, apoyando a la peste chavista y encerrarse en una esclerocardia malsana. No se puede estar tan del mal, y permanecer tan tranquilos, pasivos e impertérritos.

Al deplorar aquí los males de la familia venezolana, no podemos menos que levantar nuestra voz de protesta contra el mal gobierno que insiste en su perverso afán por acabar con lo que queda del país, la democracia y sus instituciones.

En lugar de dejar a un lado esa locura de veinte o más gatos amarrados por la cola, y andar echando la culpa de todo a una supuesta “derecha fascista”, “cuarta República” o a los inciertos planes de invasión y dominación de imperios extranjeros, con cierto desparpajo la peste monta concierto en Caracas, mientras la ciudad está invadida de miseria, de zamuros y desolación. Nada hace en contra del hampa armada y desalmada, y al parecer, con impunidad garantizada. Este domingo de Fin de Año, Caracas sonará a hedonismo, a fiesta con lo ajeno, a pasajera alegría, a ocultamiento de tragedia. A eso sonará nuestra ciudad.

Ni malo ni pésimo, el de chávez ha sido el peor gobierno de nuestra historia republicana, y la peste le pisa las patas, no para lavarlas. Se sabe, pero es bueno insistir en ello.

Hoy te digo, amigo lector, a un lado el modo cómo pienses, haz memoria y cuenta los desmanes de esta pesadilla que sembró aquel desquiciado golpista, y que nunca ha debido tener espacio en Venezuela, destrozando nuestros sueños y realidad de país.

Dime si no vale la pena creernos el cuento de tener un mejor país, entre todos construirlo y reconstruirlo e instalarnos en él como ciudadanos. Dime si como yo, no quieres mudarte a un mejor país, pero en el mismo sitio, con ciudadanos de primera categoría, no de 4ª ni de 5ª que solo piensan en su particular interés; tienen alcancías como bolsillos; sueñan solo con el erario y en el corazón les parpadea el signo monetario de la infamia y del delito.

Estos delincuentes venales olvidan acaso, que el mediocre golpista juró ante la constitución de 1961, calificándola de “moribunda”. Conviene poner de bulto que aquí no hay nada ni nadie que amenace más la constitucionalidad, y con ello la paz y la salud del país, que la propia peste chavista.

Si algún sonido debe escuchar Venezuela lo más pronto posible, debe ser quizás el del himno cantado en las escuelas bajo el signo de la libertad y de la democracia que la sustente. Voces cantarinas y elocuentes entonando nuevas melodías que describan el adiós a este accidente de la historia, y nos digan cuán felices podemos ser.

¡Feliz año 2018!

Jesús Peñalver